Impossible Figures - Art by Oscar Reutersvärd
Oscar Reutersvärd (1915–2002), widely acknowledged as “the father of the impossible figure”,...
Sabina Lang & Daniel Baumann’s latest street art work in Rennes (France) 1st pic and previous works
Steps
New Street Art by Seth
According to StreetArtNews the piece can be found on Rue de Julienne in Paris

Panorama económico y político luego de la protesta contra el proyecto minero Conga.
Para nadie es un secreto que hoy Cajamarca está pasando por un bajón económico preocupante. Este hueco se inició luego del conflicto y la crisis en torno al proyecto minero Conga de Yanacocha. No pretendo de ninguna manera afirmar que las protestas son negativas de por sí. Sin embargo, estoy convencido de que si la protesta contra Conga no hubiese llegado a los extremos que llegó, la economía de la región hoy no estaría tan debilitada.
Este lamentable episodio de la historia de Cajamarca ha evidenciado el fracaso de Gregorio Santos como representante y defensor de los intereses de la población. Pero afirmar que el presidente regional o su gestión son la causa del actual bajón económico es un poquito exagerado. La cosa no es tan así.
Para nadie es un secreto que Yanacocha, el sector minero y el poder económico tienen una influencia muy alta en la sociedad cajamarquina. Tras anunciar la suspensión de Conga, la empresa ha tomado una serie de decisiones corporativas que han afectado la coyuntura de la región.
Entre 2012 y 2013 Yanacocha ha reducido drásticamente su personal. La razón principal es que la operación minera se está acabando. Ayer uno de sus directivos confirmó que la megaoperación solo tiene tres años más de vida útil. En este contexto, Conga representa la última esperanza de Newmont en Cajamarca. Si la corporación decide dejar Conga, ese será el comienzo del fin de la mina de oro más grande de Latinoamérica.
En paralelo, luego de la protesta contra Conga, el sector minero de Cajamarca ha puesto las barbas en remojo. Entre 2012 y 2013 otras empresas mineras (Gold Fields, Anglo American, Lumina Copper) han desacelerado sus proyectos en la región. Y es que, para el sector minero, no tiene sentido apostar hoy por Cajamarca. Aún existe el riesgo de un repunte de la conflictividad social. Además, los precios de los metales (oro, cobre) están a la baja. Mejor prevenir antes que lamentar. Cajamarca no es la excepción.
Este retroceso en bloque del sector minero afecta la macroeconomía y la microeconomía de la región. El bajón minero en Cajamarca está afectado a los sectores construcción, automotriz, transporte, inmobiliario y financiero, entre otros. Asimismo, la fuga de trabajadores mineros ha afectado a los trabajos indirectos: comerciantes, taxistas, restauranteros y un largo etcétera.
Al haber menos demanda que en 2011, se está notando un ligero incremento de los precios de ciertos bienes o servicios. Por ejemplo, hace años que en Cajamarca existe una tarifa plana para el servicio de taxi local. Hasta 2012 el precio era 3.5 nuevos soles. Pero en 2013 no pocos taxistas decidieron dejar la tarifa plana y empezar a cobrar según la distancia o el tiempo de servicio. Hoy, al tomar un taxi, es mejor fijar por adelantado el precio del servicio. De lo contrario, uno podría llevarse un disgusto.
En medio de este escenario de incertidumbre económica, Cajamarca es testigo de la construcción del centro comercial más grande de su historia. Se vocea que en medio año (diciembre 2013) se inaugurará el “Real Plaza”, mall que competirá con el conocido “El Quinde”. Asimismo, este año el turismo está viviendo un repunte económico en comparación con la dura caída de 2012.
Entonces, por un lado, Cajamarca vive un retroceso minero y, por otro lado, crece la expectativa de un repunte de otros sectores económicos. El problema es que al hacer el balance, el saldo sigue siendo negativo para los bolsillos de los cajamarquinos.
He tenido la oportunidad de conversar con varios empresarios, políticos y analistas sobre este bajón económico. La mayoría cree que esta situación se mantendrá hasta fines de 2014 o inicios de 2015. La mayoría también cree que Cajamarca finalmente saldrá de la incertidumbre económica en las elecciones regionales y municipales de 2014.
La hipótesis es que Cajamarca necesita nuevas autoridades que generen confianza en la región, apostando por el diálogo y la concertación. En otras palabras, si Gregorio Santos o su equivalente ganaran las elecciones de 2014, la economía regional podría hundirse aún más. En ese sentido, aquellos candidatos que encarnen el espíritu del “Conga No Va” en su propuesta electoral, no tendrían chance en Cajamarca.
Asimismo, aquel que se posicione como “el candidato de Yanacocha” tampoco triunfaría. Cajamarca no es antiminera, es antiyanacochina. Y, debido al efecto Conga, aquel que se posicione como “el candidato de Ollanta Humala” tampoco tendría posibilidades de ganar.
En resumen, la esperanza de Cajamarca en 2014 se plasmaría en aquel candidato que se diferencie claramente de Goyo, Yanacocha y Ollanta.
Mientras llega 2014, ¿qué podemos hacer quienes vivimos en Cajamarca y estamos sobreviviendo a este bajón económico? Seguir luchando, claro. Coincido con quienes afirman que gran parte del éxito económico de Perú se debe al esfuerzo individual de miles de peruanos trabajadores. Aquí ocurre algo similar. El esfuerzo individual de miles de cajamarquinos está resistiendo al actual embate económico de la región. Muchos de estos esfuerzos individuales suceden en sectores económicos alternativos a la minería, como son el turismo, el comercio y algunas actividades agrícolas o ganaderas. Esa es una luz de esperanza que abre la posibilidad de un escenario económico distinto y una vuelta a la eterna interrogante: ¿Puede Cajamarca salir de la pobreza sustentándose en sectores alternativos a la minería?
(Imagen: Life is full of choices, de Gene Hilton)

Si Cajamarca rompe con ciertas tradiciones podría convertir su carnaval en un gran atractivo turístico. Pero, ¿está lista para cambiar?
Año 1996. Varios vecinos de la avenida de los Héroes han abierto las puertas de sus casas. Hay chicha, cuy, música y travesura para los transeúntes. El agua vuela por los aires. Unas veces cae en la vereda o la pared. Otras, en el cuerpo de algún distraído. Mientras tanto, la pista es escenario del desfile de patrullas y comparsas más bello que recuerdo. Miles de personas aplauden y cantan al ritmo de clones y bandas. Nunca había visto un espíritu tan radiante ni un cielo tan celeste. Yo era un limeño de 18 años y me estaba enamorando de Cajamarca y su carnaval. Amor a primera vista, que le dicen.
Año 2007. Gema persigue a un hombre. Ambos corren pero ella es más rápida. Cuando está lo suficientemente cerca le tira una cachetada, da media vuelta y regresa a nuestro grupo. El hombre se detiene y le pide perdón. “Te dije que no estaba jugando” le replica ella. Un minuto antes nos habíamos cruzado con un grupo de carnavaleros. El hombre de la cachetada tenía un globo de agua y quería lanzarlo a Gema. Ella le pidió que no lo hiciera. Él fingió acordar, esperó unos segundos, dio media vuelta, le tiró un globazo en la espalda y carcajeó como pendejo. Gema era una española de 24 años. Era su primera vez en Cajamarca, tenía la espalda empapada y empezaba a odiar en carnaval. Después de la cachetada no la he vuelto a ver por aquí.
Año 2013. Son las dos de la mañana y aún no se sabe quién es la nueva reina del carnaval. En la televisión hay una transmisión en vivo y en directo. Hay cinco finalistas. El animador recibe un sobre del jurado, lo abre y anuncia que la señorita de El Estanco es la ganadora del concurso. Acto seguido, invitan a la reina infantil –que también pertenece al barrio El Estanco– para que suba al escenario y acompañe el cierre del certamen de belleza. Son las dos y treinta de la madrugada. La reina infantil es una niña que abre sus ojos lo mejor que puede y pone la sonrisa más grande pero evidencia el agotamiento de un muerto viviente. Todos los años el evento de coronación de la reina del carnaval ocurre entre gallos y medianoche. Como para que nadie lo vea. Y sin embargo, la gente lo ve y lo vive.
¿Quiénes viven el carnaval de Cajamarca? Obviamente los cajamarquinos son los primeros en la lista. Y así debe ser. Mantener la tradición es algo propio de culturas vivas y fuertes. Todos los años, entre febrero y marzo, muchos vecinos del campo y la ciudad hacen una pausa en sus labores cotidianas para dedicarse por completo a las fiestas carnestolendas. Ellos aman el carnaval. Ellos son el carnaval. Día y noche, semana tras semana, durante casi un mes, el espíritu festivo posee sus cuerpos, mentes y corazones. Les da la energía suficiente para festejar sin parar, crear coplas, diseñar vestuarios, construir carros alegóricos, preparar chicha y cocinar pan, frito, chicharrón, cuy y uno de los sancochados más ricos del Perú. Entonces, materia prima hay. El carnaval cajamarquino es una fiesta que tiene el potencial para consolidarse como uno de los atractivos turísticos más importantes del país. Pero muchos turistas que vienen por primera vez a carnavalear no vuelven más, mientras que otros ni se dan por enterados de esta fiesta. ¿Por qué?
Existen varias razones por las cuales Cajamarca aleja a los turistas y pierde la oportunidad de convertir a su carnaval en un negocio sostenible. Yo las resumo en dos: el caos y el miedo al cambio.
El caos del carnaval cajamarquino se evidencia en varios momentos: en la impuntualidad para iniciar eventos como los concursos de belleza, el desfile de comparsas y el corso de carros alegóricos; en la innumerable cantidad de negocios informales que pululan (alquiler de asientos y palcos, venta de bebida y comida, entre otros); en las muchas personas que orinan en la calle y arrojan basura por doquier; así como en la irresponsable guerra de agua y pintura que no respeta a nada ni nadie, ni siquiera monumentos históricos (como la pileta de la plaza de armas que fue salvajemente violentada en 2012). Hacen falta políticas y sanciones claras para todos los que participamos en el carnaval (patronato, organizadores, comités de barrios, artistas, empresarios, vecinos y turistas), pero lo más grave es que carecemos de una cultura de convivencia pacífica durante las celebraciones. Que el carnaval sea una fiesta única no significa uno puede hacer lo que quiere.
Por otro lado, el miedo al cambio consiste en la firme creencia de que el carnaval es una tradición y por lo tanto no puede ser modificado de ninguna manera. Este año el patronato del carnaval había decidido cambiar las rutas de las dos fiestas más concurridas: el ingreso del Ño Carnavalón del sábado y corso de carros alegóricos del lunes. Si bien la decisión fue polémica, lo cierto es que su propósito era poner un alto al caos, el desorden y la informalidad que he expuesto anteriormente. Los barrios se negaron al cambio. La razón principal era el argumento de la tradición. Al final no hubo ningún cambio. El sábado, el Ño Carnavalón llegó –como todos los años– a la plaza de armas de la ciudad. El domingo, el corso se realizó en la clásica ruta del óvalo Musical y la vía de Evitamiento. Este año hubo más policías y baños públicos que en otras ediciones del carnaval, pero el caos, el desorden y la informalidad no disminuyeron.
Esta semana tuve la oportunidad de conversar con varios turistas que llegaron a Cajamarca para vivir el carnaval. La mayoría estaban sorprendidos por la cantidad de veces que habían sido mojados por los carnavaleros. Otros lamentaban el daño que se le hace a la plaza de armas durante las noches de tarolas o el día del Ño Carnavalón. Todos coincidían en reconocer el espíritu festivo pero también advertían detalles que no eran de su agrado.
La fiesta de Cajamarca es bella y caótica. Al parecer, los cajamarquinos quieren que se mantenga así, con elementos que promueven el desorden y la informalidad. La mayoría de los turistas desean confort y seguridad. En la medida que el carnaval no incorpore prácticas turísticamente saludables, seguirá siendo una fiesta exclusiva para cajamarquinos.

Minería y contaminación son casi sinónimos en la mente de muchos habitantes de Cajamarca. La capital del carnaval peruano es también conocida por ser –en la práctica– la capital de la minería a tajo abierto. A menos de 50 kilómetros de la ciudad se encuentra Yanacocha, la mina de oro más grande de Latinoamérica y la protagonista de no pocas crisis ambientales y sociales en las cuales el tema “contaminación” ha sido el más mencionado.
Choropampa, Quilish, Combayo y –más recientemente– Conga son títulos que se refieren a un clásico enfrentamiento entre Yanacocha y la población de Cajamarca. El motivo principal casi siempre ha sido el agua. A lo largo de varios años la empresa ha afirmado que la extracción de oro a tajo abierto protege y asegura agua para Cajamarca; pero la gente no cree en Yanacocha, insiste en la idea de que la mina contamina y cada tres o cuatro años se levanta para protestar en defensa del agua y el medio ambiente.
Uno de los extremos de esta controversia ha propuesto en repetidas ocasiones que la solución consiste en que Yanacocha debe irse. Que la actividad minera es contaminante y que, por lo tanto, debe ser erradicada de Cajamarca. Pero, llevando esta propuesta al extremo, ¿qué tan válido es afirmar que una Cajamarca sin minería será una Cajamarca sin contaminación?
Imaginemos que Yanacocha se va de Cajamarca mañana mismo. Se va, además, de la manera que muchos quisieran: sin dejar huella minera. Es decir, sin afectar ni comprometer el medio ambiente. Por un tiempo la algarabía y euforia acompañan a muchos. Otros, en cambio, sucumben ante el pesimismo y nos hablan de una tragedia para la economía y el desarrollo del país. Lo cierto es que la vida continúa y, casi sin darnos cuenta, volvemos a la rutina.
En este universo paralelo (donde Cajamarca es la misma de siempre pero sin minería) hay muchos vehículos motorizados: motocicletas, mototaxis, carros, combis, cústers, micros, buses, camionetas y camiones. ¿Cuántos de estos vehículos son amigables con el aire y el medio ambiente? Basta darse un paseo por el centro histórico y los alrededores de la ciudad para comprender que el aire que respiramos no es puro. Está contaminado por el humo y los residuos de miles de automóviles en pésimo estado. Muchos conductores y propietarios de medios de transporte terrestre en Cajamarca ignoran o no quieren entender que su negligencia atenta contra la vida y el medio ambiente. Esta realidad no se explica por la presencia de una o varias mineras sino por la ausencia de políticas claras y contundentes para proteger el medio ambiente, así como la falta de hábitos sociales y cultura para el cuidado ambiental.
¿Y qué pasa con los sólidos? En Cajamarca hay una planta de tratamiento de residuos sólidos y también un programa de reciclaje de éstos. Ambos forman parte de un programa integral de gestión de los residuos sólidos, el cual, lamentablemente, aún es muy joven y pequeño para cubrir las expectativas. Dicen que una ciudad limpia no es la que más se barre sino la que menos se ensucia. Aquí la gente está acostumbrada a botar la basura por todos lados. En la casa, el colegio, el mercado, la vereda, el río, el valle, el bosque, la pista, la trocha, la encañada y la laguna. Latas vacías, bolsas de plástico, papel, madera, cáscaras y restos de frutas son parte del paisaje urbano y rural de Cajamarca. Aquí tampoco vale responsabilizar exclusivamente a la minería. El asunto es que, quienes vivimos aquí, no somos conscientes del daño que hacemos todos los días al medio ambiente por no disponer y reciclar adecuadamente los residuos sólidos.
¿Y la contaminación del agua? Es cierto que la basura y los residuos industriales contaminan el agua. Existen plantas de tratamiento de agua, aunque su efectividad y sostenibilidad también son parte de la polémica. Pero, aún en un escenario de Cajamarca sin minería, el agua seguiría contaminada. Muchas de nuestras lagunas y ríos padecen diariamente el vertimiento de pesticidas, nutrientes vegetales, detergentes, aguas servidas (de desagüe), aceite, basura y desmonte. No importa cuántas plantas de tratamiento se construyan en la región. Si no regulamos nuestras prácticas de consumo y manejo de residuos, estamos contribuyendo a la contaminación del agua que se consume en Cajamarca y, de paso, la que se consume más abajo (La Libertad, Lambayeque y otras zonas de la costa norte del Perú).
El problema de la contaminación no se resolverá eliminando la minería. El cuidado del medio ambiente de Cajamarca está en manos de los cajamarquinos y sus hijos, así como de esta nueva generación de migrantes que desde hace dos décadas habita en este generoso lado del país. Es cierto que nuestras autoridades deben liderar procesos que conduzcan a la implementación consensuada de una política integral y transversal que enfrente el fondo del problema de la contaminación. Pero también es cierto que no hay cultura ambiental en Cajamarca. Nuestra sociedad no cumple estándares de cuidado ambiental. ¿Cuántos de nosotros practicamos el reciclaje de residuos sólidos? ¿Cuántos hemos reducido el consumo de energía eléctrica? ¿Cuántos ahorramos agua? ¿Cuántos guardamos el auto y salimos a caminar o pasear en bicicleta? Estas son solo algunas de las tantas acciones que podemos hacer para proteger el medio ambiente. No esperemos que las empresas o los gobiernos cambien nuestra vida. Cambiemos nosotros.
Texto publicado originalmente en el periódico “El Cajamarquino”.
Foto tomada del blog “Aldea Verde”.
Ejemplos: Conga y Fujimori.
1. LAS ENCUESTAS Y CONGA
Las encuestas nos dicen que la mayoría de la población de Cajamarca está en contra del nuevo proyecto de Yanacocha. Este hecho no es argumento irrevocable para suspender dicha iniciativa minera, la cual -dicho sea de paso- no está suspendida.
Los reservorios que actualmente construye la división de Newmont en Perú son parte del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) presentado por la empresa y aprobado por el Estado peruano. Más allá del beneficio ambiental y social que éstas obras puedan generar para Cajamarca, hay algo concreto e innegable: los reservorios son parte de la mina. ¿O acaso estamos hablando de un bien público, que para nada es propiedad privada? No tiene sentido construir instalaciones privadas aprobadas en un EIA minero y decir que no se está construyendo la mina.
Yanacocha debe suspender la construcción de Conga al 100% y trabajar duro para mejorar su relación con la sociedad cajamarquina. Esta -aún- es la oportunidad que tiene la gran minería de demostrar que las actividades extractivas sí pueden convivir en armonía con las personas y el medio ambiente.
La construcción de una relación social positiva toma tiempo, más que los dos años estimados para la construcción de los reservorios de Conga. Más aún si tenemos en cuenta que el punto de partida (la línea base social) de Yanacocha está prácticamente en el subsuelo. El camino es cuesta arriba, está lleno de obstáculos y -como en toda gestión social- uno debe convivir permanentemente con el riesgo de que un solo error eche a perder toda la reputación ganada en años.
Cuatro reservorios no te dan licencial social. Un trabajo impecable de relacionamiento con la sociedad, puede que sí. Las encuestas definitivamente ayudarán a medir esto, pero no decidirán.
2. LAS ENCUESTAS Y FUJIMORI
Las encuestas nos dicen que la mayoría de peruanos está a favor de que Ollanta Humala otorgue el indulto humanitario a Alberto Fujimori (condenado a 25 años de prisión por violaciones a los derechos humanos en los casos de Barrios Altos, La Cantuta y los secuestros de Dyer y Gorriti). Este no es argumento irrevocable para indultar al ex dictador, quien -dicho sea de paso- no ha pedido la gracia presidencial ni ha reconocido sus innumerables crímenes.
Como ya lo ha establecido Avelino Guillén, “la Comisión de Gracias Presidenciales debería rechazar la solicitud de indulto humanitario para Alberto Fujimori porque no lo ha formulado el interesado ni lleva su firma, a pesar de no estar imposibilitado para hacerlo”. Este es, sin duda, el primero de muchos detalles que le quitan transparencia a un proceso legal que hoy se ha convertido en una telenovela peruano japonesa de mal gusto.
Además, hasta el momento Fujimori no reconoce públicamente su culpabilidad por las condenas en su contra ni ha pagado la reparación civil que adeuda al Estado peruano. “¿Cómo pido el indulto si no reconozco las sentencias y los procesos judiciales? ¿Estoy pidiendo perdón de qué?” (Avelino Guillén dixit).
Finalmente, el ex fiscal del juicio a Alberto Fujimori explica el ABC de un indulto humanitario en Perú, incluido el pedido presentado y firmado por los hijos del ex candidato al senado japonés: “la enfermedad tiene que ser incurable; registrar un estado avanzado, progresivo, degenerativo, y el quinto punto señala que las condiciones del centro de reclusión ponen en peligro la vida del reo e imposibilita la atención médica del solicitante.”
Indultar a Fujimori no es solo políticamente dañino, sino que además viola varios pasos del procedimiento legal. Este último punto es el modus operandis del fujimontesinismo, que tiene una marcada debilidad por hacer política obviando a las instituciones del Estado, la independencia de poderes y los derechos humanos.
Ollanta Humala no debe evaluar esta gracia presidencial en función a encuestas o escenarios políticos. Como afirma el presidente del Poder Judicial, César San Martín, el indulto a Fujimori debe ser evaluado moral y éticamente.
Sobre la misteriosa construcción de los reservorios del proyecto Conga en Cajamarca.
¿La nueva mina de Yanacocha está en suspensión? Según el gobierno nacional de Perú y Newmont, sí. Según el gobierno regional de Cajamarca y los ‘Conga No Va’, no.
El debate de hoy (setiembre 2012) se centra en que, según los opositores a Conga, los reservorios son parte de la mina y, por lo tanto, la construcción no está suspendida. Por otro lado, Yanacocha afirma que la mina Conga sí está en suspensión y que lo único en construcción son los reservorios que, “como está en el Estudio de Impacto Ambiental”, serán en beneficio de las comunidades.
Esta nueva polémica alrededor de la gran vedette de la minería peruana está cargada de apasionamiento de ambas partes, para lo cual propongo una solución práctica:
Con esta sencilla metodología, procedemos a trabajar.
“La infraestructura propuesta incluye los tajos Perol y Chailhuagón, los depósitos de desmonte Perol y Chailhuagón, depósitos de suelo orgánico, instalaciones de procesamiento del mineral, instalaciones de manejo de relaves, reservorios de agua, depósitos de material de préstamo, entre otras instalaciones auxiliares, las cuales ocuparán un área total de aproximadamente 2 000 ha.” (Página 1)
Esta primera referencia a los reservorios es importante porque los incluye como parte de la infraestructura de la mina, junto a los tajos, depósitos de desmonte y otras instalaciones. En otras palabras, los reservorios son parte de Conga.
“El agua potable y el agua fresca necesaria para los procesos (de la planta concentradora) provendrán del reservorio superior.” (Página 30)
Esta línea precisa que uno de los cuatro reservorios -el llamado superior- alimentará de agua a la operación. Entonces, haciendo un uso estricto del lenguaje, no es correcto decir que “no se está ejecutando” la construcción de las instalaciones mineras, ya que el reservorio superior es parte vital de la mina.
“Sólo el reservorio superior será utilizado como fuente de agua para el proyecto, mientras los demás se utilizarán para mitigar impactos sociales y ambientales en distintas cuencas y hábitats.” (Página 31)
¿Los reservorios de Conga son para el beneficio de las comunidades? De acuerdo al EIA, sí. Han sido diseñados para mitigar el impacto causado por el “retiro de bofedales y transferencia de agua de las lagunas” (EIA de Conga dixit). Sin embargo, la actual construcción de los reservorios de Conga en paralelo a la suspensión del proyecto minero por dos años inspira muchas interrogantes. ¿Qué pasará con las lagunas naturales? ¿Serán tocadas en 2014? ¿Los reservorios son un gesto de buena fe de Yanacocha? ¿Qué será para beneficio de las comunidades? ¿Los reservorios o el agua de éstos? ¿Quién y cómo administrará estas instalaciones? Si al final de cuentas Conga no va, ¿qué pasará con estas “lagunas artificiales”? ¿Quién se encargará de su funcionamiento? ¿Cuánto dinero costará esta contingencia y quién la financiará?
“Se identifican impactos positivos derivados de la contratación de empresas, la generación de empleo para las actividades de esta etapa (de cierre) y el uso de los reservorios por parte de la población que mantendría los beneficios sobre lo regímenes de agua.” (Página 38)
De acuerdo al EIA de Conga, la población hará uso de los reservorios (la infraestructura) a partir de la etapa de cierre de mina. Antes, durante la construcción y operación, será Yanacocha quien administre estas instalaciones ¿Cómo se administra un reservorio? ¿Qué recursos se necesitan? ¿Quién asume estos costos de mantenimiento?
“Desde el punto de vista netamente hidrológico, el embalse de agua en estos reservorios constituye una medida efectiva para compensar la pérdida de cuerpos de agua lénticos representados por las lagunas Perol, Mala, Azul y Chica.” (Página 47)
Siguiendo la lógica planteada por el EIA de Conga, se deduce que la existencia de los cuatro reservorios compensa la pérdida de las lagunas Perol, Mala, Azul y Chica.
La duda nuevamente cae de madura: ¿Por qué hoy Yanacocha construye cuatro reservorios? ¿Significa que mañana dejáran de existir las cuatro lagunas en disputa con la población? ¿Los reservorios son un gesto de buena fe para con Cajamarca o el primer paso de la etapa de construcción de la mina? ¿No hubiera sido mejor suspender Conga al 100%?
Temo que esta “suspensión con construcción” nos regrese al punto de no retorno de hace dos meses. A las protestas, la violencia y las muertes injustificadas en Celendín y Bambamarca. A la crisis que hasta ahora nadie en Perú ha sabido manejar y que aún es un misterio sin resolver: ¿Conga va o no va?
Dicen que ya no importa quién gobierna porque el Perú avanza con piloto automático. Nos aseguran que los partidos políticos han muerto y que mejor es desconfiar de los candidatos, porque luego ganan y hacen lo contrario de lo que prometieron. ¿Todos los políticos son seres putrefactos? ¿Hay esperanza?
Perú, 11 abril de 2011. El país está calato. Ha terminado la primera vuelta presidencial. Quedan dos candidatos: Keiko Fujimori y Ollanta Humala, los antisistema. O como los llamó Mario Vargas Llosa, “el sida y el cáncer terminal”. Nos preparamos para los dos meses más políticamente incorrectos de toda la campaña. La vida luce absurda. Los procesos electorales casi son la prueba que nuestra clase política puede causar depresión colectiva y otras enfermedades psicosociales. Pero esta vez me he vacunado durante dos años. Estoy listo para jugar el juego, elegir una opción y defenderla hasta el final, al menos entre la gente que aún no ha decidido que este balotaje es la misma vaina de siempre.
Perú, 31 de julio de 2012. El tema de moda es el mensaje a la nación que acaba de darnos el presidente tras su primer año de gobierno. Todo parece haber vuelto a la normalidad. Ya nos olvidamos de que hace poco el país era un circo.
Tan solo quince meses atrás, la prensa internacional estaba alucinada con el desempeño de la prensa nacional. En el aspecto mediático, el candidato Humala jugaba con la cancha inclinada, la barra en contra y el árbitro en modo pito regalado. Aún así el nacionalista triunfó. Por un tiempo tuve la impresión de que la derrota de Keiko significó, de alguna manera, la derrota de un sector de la prensa nacional, los grupos de poder económico, la limeñocéntrica Lima y otras ciudades costeñas. Con ese feeling, la victoria le pertenecía a la sierra, la selva, el sur y ese norte que no es sólido ni fujimorista, sino todo lo contrario.
Hoy, uno de los problemas del presidente Humala es que la cancha sigue inclinada no solo mediáticamente sino también económicamente. Muchos poderosos hubieran sido más felices si Keiko ganaba el 5 de junio de 2011, así como en 2006 fueron felices tras reelegir a uno de los gobernantes más desastrosos de la historia. La confluencia entre poder mediático y económico es evidente en época electoral, pero ello no quita que esta manera de hacer las cosas sea en realidad parte medular de un sistema que va más allá de la ley y el Estado. Un modelo que lleva dos décadas de intervención ininterrumpida, tiempo suficiente para sentar raíces en la sociedad, cultura y mente de los ciudadanos.
Así llegamos al primer año del gobierno nacionalista (2011-2012). En Internet abundan las publicaciones que analizan este periodo y proponen escenarios para el futuro. Quiero referirme a las opiniones de Alberto Vergara y Steven Levitsky. Ambos politólogos nos hablan de un mandatario que gobierna de manera muy similar a la de sus predecesores y del costo que esta condición representa para la democracia: no cumplir con la gran promesa de cambio refuerza la desconfianza pública y eleva la probabilidad de que surjan más figuras antisistema.
Aquí, en Cajamarca -cuna del “Conga No Va”-, no se habla de decepción sino de traición. La población que se moviliza en marchas y protestas contra el proyecto minero Conga está enfadada con el gobierno central. Muchos cajamarquinos creen que el presidente y sus ministros están con el “Conga Sí Va”, mucho más cerca de los empresarios de Yanacocha que de los votantes que lo eligieron porque había prometido luchar por ellos y su agua.
¿Es Ollanta un traidor? Alberto Vergara opina que en realidad el presidente “ha cumplido muchas de sus promesas: la creación del Midis, el aumento de salario mínimo, el gravamen a la sobre-ganancia minera, Cunamás, Pensión 65”. Por otro lado, como señala Steven Levitsky, “Conga parecía dividir las aguas entre las fuerzas de la continuidad y la base electoral de Humala, y el gobierno, sin la capacidad o la paciencia para buscar otra salida, optó –con torpeza– por la primera”. Estoy de acuerdo con ambas apreciaciones, pero agregaría un hecho comunicacional: la agenda mediática se ha congalizado, tanto así que a muchos llamó la atención que en el discurso de fiestas patrias no haya una sola referencia a Conga, ni a Cajamarca ni a los cinco fallecidos durante los enfrentamientos entre la población y las fuerzas del orden.
En la misma línea, Alberto Vergara afirma que ”los campesinos y ciudadanos en pleito contra la minería sí tienen derecho” a llamar traidor a Humala. En paralelo, Levitsky complementa su anterior comentario señalando que, debido a las decisiones que ha tomado durante el manejo del conflicto Conga, el mandatario “empezó a ser visto como otro presidente que se olvida de sus promesas electorales”. La coyuntura política es 100% comunicacional y necesita acciones, gestos y mensajes claros y distintos de los realizados a lo largo del primer año de esta administración, especialmente durante la época de Óscar Valdés como primer ministro.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Quiero creer que Ollanta Humala sí está buscando la “gran transformación sin sobresaltos”, solo que le es difícil “caminar derecho” (Nadine Heredia dixit). Este ha sido el primer año de aprendizaje de un político sin experiencia en gestión pública. Los cuatro años que restan no serán más fáciles. Por el contrario, la tendencia del país es que las cosas se mantengan más o menos como están. La posibilidad de un giro en la historia que beneficie a los peruanos necesitados y olvidados luce más pequeña que hace doce meses.
El futuro del gobierno nacionalista es incierto. Reconquistar Cajamarca va a ser tan o más difícil que calmar los ánimos de la familia Humala Tasso en pleno. Pero es algo que hay que hacer. Considero que la lista de consejos que Levitsky comparte en su última columna son como pases de gol que nuestro jefe de Estado o sus más influyentes asesores deben aprovechar para voltear el marcador. Además, no nos olvidemos de que la cancha sigue y seguirá inclinada. Ollanta puede salir del personaje de “mal menor domesticado” (Alberto Vergara dixit) en el que se ha metido. Todo depende de su voluntad política y su capacidad para reinventarse. Sabemos que él sí posee esta última cualidad, entonces es solo cuestión de decisión.
Culmino mi texto citando el final de la más reciente columna de Steven Levitsky, Consejos No Solicitados:
“El gobierno debe cambiar el eje del debate heredado de García: el Perú que avanza contra los enemigos del progreso. Este discurso –muy promovido por los medios limeños– no solo es peligroso para la democracia (porque termina justificando la represión) sino es políticamente fatal para el gobierno porque lo condena a enfrentarse con su base electoral. Si los que votaron por Humala son perros del hortelano, rojos revoltosos y hasta enemigos del Perú, el gobierno no tiene otra alternativa que abandonarlos. Es difícil luchar por la inclusión social si los excluidos están en el otro lado. Hay que cambiar el eje del debate. Por ejemplo, se puede enfocar en la sostenibilidad del modelo, insistiendo en que el fortalecimiento del Estado y la redistribución son necesarios para que el Perú siga avanzando, para que en el 2020 o 2030 se parezca más a Chile que a Bolivia. La persistencia de grupos armados y el surgimiento del Movadef muestran claramente las consecuencias de no construir un Estado más fuerte y una nación más inclusiva. ¿Por qué no construir, entonces, una gran alianza –que se extienda desde el centro liberal hasta Patria Roja– detrás de una campaña antisenderista, basada en reformas serias dedicadas a eliminar las bases del terrorismo?
El nuevo eje del debate sería construir un Estado más fuerte y una sociedad más justa para garantizar la democracia y la economía de mercado versus aferrarse a un statu quo conservador y precario y así condenarse, tarde o temprano, a un colapso más. Pero requiere trabajo político.”

Todos somos responsables de las muertes de hoy en Celendín. Todos sabíamos que, tarde o temprano, esto iba a pasar. Todos hemos visto lo que pasó en Bagua, Arequipa, Puno, Espinar y muchos otros lugares del Perú y el mundo. Todos sabemos qué pasa cuando un conflicto no se resuelve con diálogo. Así que dejemos de echarnos la culpa los unos a los otros. Aquí no hay nadie limpio. José Faustino Silva Sánchez, Eleuterio García Díaz y el menor César Medina Aguilar ya están muertos y nada ni nadie los va a traer de vuelta. Si realmente quieres hacer algo que valga, haz una pausa y reflexiona. ¿De qué sirve tu visión de futuro si el camino está machando de sangre? ¿Cuándo entenderás que para cambiar el mundo primero debes cambiar tú?
Señores Gregorio Santos y Marco Arana:
No he tenido la oportunidad de conocerlos, pero sé de su trayectoria pública por los mítines y entrevistas en los cuales ustedes han dirigido mensajes a miles de cajamarquinos sobre la defensa del medio ambiente y los derechos de las comunidades. No me refiero exclusivamente a estos ocho meses de la campaña del “Conga No Va”, sino también a otras campañas que han emprendido anteriormente con la misma motivación.
Quisiera que atiendan mi historia, que no es más que la versión de una persona con una marcada debilidad por las revoluciones.
Soy un comunicador social limeño que vive en Cajamarca desde marzo de 2004, meses antes de que estallara el conflicto por el Cerro Quilish. Llegué aquí para trabajar en la entonces debutante Asociación Los Andes de Cajamarca (ALAC), organización que forma parte del programa de responsabilidad social de Yanacocha. A mediados de 2005 pasé a otro proyecto, también nuevo, que tenía como propósito marcar un antes y un después en la manera hacer minería. Me refiero al hoy famosísimo proyecto Conga.
En aquella época diseñamos cinco lemas para la marca “Conga”: humilde, buen vecino, confiable, profesional y sustentable. Esta personalidad corporativa no fue gratuita. Fue elaborada sobre la base de una investigación para entender qué esperaban de la minería los cajamarquinos de la ciudad y el campo. Aquella versión de Conga tenía un presupuesto para la gestión socioambiental que generaba pánico al ser analizado por algunos técnicos de la propia corporación. Nunca antes se había diseñado un proyecto minero con tanta inversión en comunicación, relaciones comunitarias, desarrollo social, gestión del agua, restauración y rehabilitación ambiental. Puedo decirles con orgullo que, entre 2005 y 2006, formé parte de una gran aventura empresarial, casi revolucionaria. Hasta el día de hoy se me infla el pecho de alegría cuando recuerdo aquellas épocas.
Lo cierto es que todas las cosas que ocurrieron en Conga fueron gracias al liderazgo de una persona: Patrick Hickey. Él entendió en 2004 que Yanacocha necesitaba un giro, y por ello le dedicó dos años a esta locura de hacer “todo al revés”, de manera distinta al modelo yanacochino. Pero el giro no llegó. A inicios de 2006 Patrick se fue de Conga, y con él, gran parte de su propuesta. Luego de unos meses yo también dejé Conga. Tiempo más tarde llegó la crisis económica global. Todas las grandes empresas, incuida Yanacocha, se pusieron en modo conservador. El proyecto Conga fue congelado y rediseñado en función a la nueva coyuntura económica.
Unos años después, en 2009, volví a encontrarme con Conga. Por ese entonces yo ya me desempeñaba como consultor en comunicación, tarea que desempeño hasta hoy. Conocí de cerca esta nueva versión del proyecto, la cual, pese a la difícil coyuntura económica, mantenía ese espíritu de cambio en la forma de hacer minería, lo cual me dio esperanza. El giro aún podía llegar.
Por ese entonces también estaba desarrollando otras inquietudes personales. Mi adicción a la política y mi pasión por Internet confluyeron en una locura llamada “No a Keiko”. En mayo de 2009 creé un grupo de Facebook que luego se convirtió en una página de fans, un perfil de Twitter, un canal de Youtube, un blog y finalmente una contracampaña que trascendió la web y se convirtió en un virus nacional. Hasta el 5 de junio de 2011 (día de la segunda vuelta presidencial entre Keiko Fujimori y Ollanta Humala) dediqué mi corazón y mente a este proyecto, el cual no me ha dado ni un sol de ganancias; por el contrario, me ha hecho perder dinero, reputación y amigos. Costos políticos, que le dicen.
“No a Keiko” (o NAK) es mi más grande orgullo personal. Me siento feliz cada vez que recuerdo todo lo que viví, sufrí, gocé y aprendí antes, durante y después de aquellas campañas electorales de primera y segunda vuelta. Nuestro colectivo nunca estuvo dentro de la carrera al sillón presidencial, pero logró que el antifujimorismo tenga un espacio, un símbolo, una bandera, un lema de campaña. Logramos que más de 200 mil personas se unieran en una sola voz contra el proyecto fujimorista y su objetivo de volver al poder. Con mucha creatividad e ingenio le sacamos el jugo al Internet libre y le dimos vida a una red social de activistas que estaban dispersos dentro y fuera del Perú.
Nuestra apuesta inicial no era por ningún candidato. Era simplemente “No a Keiko”. A lo largo de 2009, 2010 y parte de 2011 mantuvimos esa línea. Pero, luego de la primera vuelta del 10 de abril, teníamos que elegir un camino. ¿Seguir diciendo solo “No a Keiko”, promover el voto nulo/viciado/blanco o proponer el voto por Ollanta Humala? Fue una decisión difícil y arriesgada. Sabíamos que un giro en la estrategia a estas alturas del partido podría costarnos todo lo logrado. Con valentía y visión apostamos por Humala. Hicimos el anuncio el 3 de mayo de 2011, un mes antes de la votación final. Ese mes fue el más emocionante de mi vida. Pasó de todo. Cosas muy buenas, cosas muy malas. Pero nada nos movió de nuestro propósito. ¿El resultado? Perdió Keiko. Ganó Ollanta. “No a Keiko” logró su objetivo (impedir que el fujimorismo gane las elecciones presidenciales) y el futuro del Perú lucía mucho mejor. Ese fue el momento más feliz de mi vida.
Un dato más sobre “No a Keiko”. Ese proyecto nació en Cajamarca. Sí, así como lo leen. Fue a través de una computadora camarquina conectada a la red cajamarquina que se crearon todos espacios de activismo en Internet. Fue aquí que se diseñó el nombre, el logotipo, el objetivo y las estrategias de lo que luego se convirtió en un movimiento con vida propia en Lima, Trujillo, Arequipa, Argentina, España, Francia, Estados Unidos y muchas otras partes del planeta.
Curioso, que Cajamarca sea cuna del “No a Keiko” y el “Conga No Va”, dos contracampañas que han dado mucho que hablar en los últimos tiempos y que han jugado un rol activo en la política peruana.
Recuerdo que ustedes, señores Santos y Arana, en su momento también fueron “No a Keiko”. Sus declaraciones y acciones durante la campaña presidencial así lo demuestran, y creo que eso habla de una coincidencia entre mi visión política y la de cada uno de ustedes.
Sin embargo, debo manifestarles dos cosas: Primero, yo no me identifico con su campaña anti Conga. Segundo, creo que parte su lucha tiene motivaciones justas, como la visión de una Cajamarca llena de gente feliz, pero el lema “Conga No Va” ha dejado de ser un ícono de lucha y se está convirtiendo en símbolo de intransigencia y poco espíritu democrático; a la vez que ocho meses de contracampaña conllevan un desgaste que deben tomar en cuenta si es que no quieren perder esta batalla y todas las que vengan por delante.
Hubo un momento en el que el señor Santos pidió que Newmont se retire de Cajamarca. Yo no pediría eso. Haciendo el paralelo con el “No a Keiko”, yo nunca habría pedido que Fuerza 2011 se retire del Perú. El fujimorismo es una agrupación que corrompió y asesinó personas y e instituciones, pero también es un partido político con base social. Hay un importante sector de la población que apoya a Fujimori, cree en su inocencia y defiende su gobierno. La única opción que teníamos los antifujimoristas era impedir que Keiko gane las elecciones presidenciales. Algo parecido ocurre con Yanacocha. Un gran sector de la población cajamarquina apoya a Conga, cree que la minería es una oportunidad única para la región y defiende el proyecto con pasión.
Por otro lado, el conflicto Conga no se va a resolver con una votación. No habrá referéndum ni decisión en las urnas. Más que un resultado concreto, el desafío de ustedes consiste en liderar un proceso de cambio por el bien de Cajamarca y el país. Para ello se necesita mucho más que ocho meses o dos años. Ustedes representan a muchas generaciones de personas en Cajamarca que quieren y exigen un cambio.
Asimismo, la democracia tiene ciertas reglas de juego que todos debemos seguir. Respeto su derecho a opinar públicamente, a movilizarse pacíficamente y expresarse creativamente. Todo eso hicimos en “No a Keiko” y generó mucha simpatía e indentificación para con nuestra contracampaña. Pero una cosa es protestar con respeto y otra cosa muy distinta es caer en la violencia.
Ahora recuerdo lo ocurrido ayer con el equipo de Canal N en Cajamarca. Canal N fue un medio alternativo, independiente y necesario durante el fujimorato. A finales de los noventa, toda la prensa había sido secuestrada por el fujimontesinismo. Canal N era un oasis de verdadero periodismo en medio de la gran prensa basura que abundaba en el Perú. Con el paso del tiempo, este medio cambió. El año pasado, los “No a Keiko” participamos activamente en la marcha “Fujimori Nunca Más”, realizada un 26 de mayo no solo en Lima sino simultáneamente en varias partes del país y el mundo. Canal N “informó” que solo habían 300 personas en Lima, cuando la realidad es que fueron miles los ciudadanos que salieron ese día a las calles. Nunca hubo rectificación ni aclaración de ese error. Todo eso estuvo muy mal por parte del canal.
Hoy, muchas personas opinan que Canal N es un medio de la Derecha Bruta y Achorada (DBA), pero nada justifica el atentado contra el equipo humano y tecnológico de este medio televisivo, hecho que ocurrió ayer en Cajamarca. Ustedes, señores Santos y Arana, deben asumir su parte de responsabilidad en este lamentable suceso. Promuevan y lideren por todos los medios posibles una investigación para saber quién y cómo tramó este ataque. Su protesta necesita cambiar. Debe ser y parecer 100% pacífica, sin excepciones ni matices. Allí sí hay que ser absolutamente radical.
Es cierto que en Cajamarca existe y ha existido un rechazo generalizado de muchos sectores a Yanacocha, y hoy, a Conga. También es cierto que el Estado necesita cambiar su relación y política para con la minería en el Perú. Al igual que ustedes, yo quiero una Cajamarca aún más bella, próspera y feliz. Comparto su rechazo a ese “desarrollo” que básicamente ha modernizado la pobreza. Creo que con este gobierno de Ollanta Humala la lucha de Cajamarca tiene más posibilidades de las que nunca ha tenido antes. Además creo que, gracias a la lucha y al activismo, Cajamarca se podría convertir en un modelo de desarrollo mundial, con respeto al medio ambiente y las comunidades rurales.
Ustedes aún tienen en sus manos la oportunidad de cambiar la historia de la región y, por qué no, el país. Demuestren que su interés es colectivo. Que buscan un bien mayor. Que no solo se trata de hacer una carrera política. Que aquí no tienen motivaciones económicas ni violentistas. Denle un giro a la lucha por esa visión de una Cajamarca llena de gente feliz. Están a tiempo cambiar su estrategia y relanzar su campaña. Perderán adeptos, probablemente, pero ganarán muchos otros nuevos. Ruego a Dios que lo hagan. Si lo hacen, no solo ganarán ustedes, sino muchísimos compatriotas.
Cajamarca, 27 de junio de 2012.

La respuesta está en el cambio. Contundente.

¿El rechazo a Conga en Cajamarca es irracional? Tal vez.
En mis anteriores publicaciones (“Goyo, el hombre equivocado…” y “¿Conga es Avatar?) compartí algunas reflexiones personales sobre la crisis que acontece en la capital del carnaval peruano. En este texto intentaré algo diferente. Retrataré el imaginario de varias cajamarquinas y cajamarquinos con quienes he tenido la suerte de hablar, especular, discutir y rajar a propósito del proyecto Conga, Yanacocha y estas dos décadas de gran minería en la Tierra del Cumbe. Lo que sigue es ficción real.
Juan es un ciudadano de a pie que hace mercado casi todos los días. No tiene carro ni empleada, no ha trabajado nunca en mina y no tiene familia ni amigos ligados a este nuevo gran motor del desarrollo económico en la región. Tampoco tiene tierras que vender ni empresas con las cuales negociar contratos o proyectos. Jamás lo verás comprar en el centro comercial El Quinde ni cenar en el Kentucky Fried Chicken. Gana un poco más del sueldo mínimo, pero el dinero no le alcanza. El agua potable llega por su casa a las cinco de la mañana y se va antes del mediodía. Tiene un bello recuerdo de Cajamarca antes de la minería. Cuando converso con él, pareciera que todo tiempo pasado fue mejor. Una vez me contó que no le gustan los carnavales de hoy, porque se han vulgarizado. Extraña las épocas en que la gente vivía con las puertas abiertas todo el día. No había rateros. Había confianza. Juan sí ha oído hablar de Minas Conga, pero recién hace medio año. Está enterado de las cuatro lagunas que se quieren reemplazar por cuatro reservorios de agua, y también sabe que a fin de mes habrá movilizaciones tanto a favor como en contra del nuevo proyecto de Yanacocha. En realidad, él no está muy interesado ni en las marchas ni en las discusiones sobre contaminación ambiental o cabeceras de cuenca. Marco Arana no es santo de su devoción. La frase “Conga no va” le suena a propaganda electoral y no le genera mucha confianza que digamos. Sin embargo, está harto de que, tras veinte años de minería, las cosas sigan igual que siempre. Corrección: peor que antes. Él quiere un cambio -algo que le prometió Ollanta Humala cuando estuvo en campaña- pero está empezando a creer que aquello no ocurrirá. La mina sí ha traído desarrollo, pero no para él. El progreso ha llegado pero para los que vienen de fuera. Se ve en las camionetazas y casotas de Los Baños del Inca. Se come en los restaurantes fichos y se bebe en las discotecas más nice del centro histórico de la ciudad. ¿Cómo era la vida hace veinte años, cuando no había minería? No había tanto carro ni comercio. Tampoco tanta delincuencia ni contaminación. Los cajamarquinos estaban mejor. Juan suele contar la historia de Pedro, sobrino de un ex propietario que agarró trabajo en mina con contrato en planilla. Ya lleva más de quince años en Yanacocha y, según los rumores, ha sido seleccionado para pasar a Conga inmediatamente después de las protestas. Este minero tiene casa propia en Cajamarca y Trujillo. Sus hijos estudian en las mejores universidades de Lima. Cada vez que escucho la historia de Pedro, percibo envidia y resentimiento. Entre broma y broma salen comentarios como “yo también quiero tener un padrino que me consiga trabajo en mina”. Pero no en una contratista. Allí pagan poco. Nadie lo dice, pero se nota que muchos de los que rajan y despotrican de Newmont en realidad desean el dinero y el status del trabajador de la mina más grande de Cajamarca. Aunque sea solo por un año. No parece justo que solo unos cuantos paisanos se lleven toda la ganancia. ¿Y el resto, qué? Juan no sabe lo que es una leyenda urbana, pero sí cree en varias de ellas. Él está convencido de que el agua de Cajamarca está contaminada por la presencia de materiales dañinos que bajan por las tuberías que Yanacocha instaló hace varios años para alimentar al Río Grande. Añora las épocas en que uno podía bañarse en la ribera y lavar la ropa a su antojo, cuando el agua estaba blanca y limpia. También cree que el Quilish (cerro que defendió junto a su familia y amigos allá por 2004) está siendo explotado hoy a través de socavones. Un vecino que tiene un amigo que trabaja en una contratista le ha contado todos los detalles de este proyecto secreto, que básicamente consiste en sacar el oro del colchón acuífero sagrado a escondidas del mundo entero. Cuando cuestiono la lógica o validez de estos rumores, Juan me dice que en realidad él no odia a la mina, pero está segurísimo de que a Yanacocha no le importa Cajamarca. Él espera que el gobierno haga algo en defensa de los intereses de la región, pero inmediatamente se decepciona al recordar que lo único que han hecho los últimos presidentes es prometer, prometer y prometer para luego olvidar, olvidar y olvidar. En su memoria política, el candidato Ollanta Humala se comprometió a defender el agua y luchar contra Newmont y las transnacionales abusivas. Votó por él en la segunda vuelta de 2011 y celebró su victoria como si fuera propia. La manera en que el presidente nacionalista ha manejado el conflicto Conga no es de su agrado. Siente que los cajamarquinos han sido engañados. Hoy están prácticamente solos. La movilización encabezada por el presidente regional Gregorio Santos y dirigentes como Wilfredo Saavedra le parece una campaña política disfrazada de lucha ambiental. Pero si tuviera que elegir entre el “Conga sí va” y el “Conga no va”, su corazón le dice que vaya a protestar contra Newmont.