








Impossible Figures - Art by Oscar Reutersvärd
Oscar Reutersvärd (1915–2002), widely acknowledged as “the father of the impossible figure”,...
Sabina Lang & Daniel Baumann’s latest street art work in Rennes (France) 1st pic and previous works
Steps

Panorama económico y político luego de la protesta contra el proyecto minero Conga.
Para nadie es un secreto que hoy Cajamarca está pasando por un bajón económico preocupante. Este hueco se inició luego del conflicto y la crisis en torno al proyecto minero Conga de Yanacocha. No pretendo de ninguna manera afirmar que las protestas son negativas de por sí. Sin embargo, estoy convencido de que si la protesta contra Conga no hubiese llegado a los extremos que llegó, la economía de la región hoy no estaría tan debilitada.
Este lamentable episodio de la historia de Cajamarca ha evidenciado el fracaso de Gregorio Santos como representante y defensor de los intereses de la población. Pero afirmar que el presidente regional o su gestión son la causa del actual bajón económico es un poquito exagerado. La cosa no es tan así.
Para nadie es un secreto que Yanacocha, el sector minero y el poder económico tienen una influencia muy alta en la sociedad cajamarquina. Tras anunciar la suspensión de Conga, la empresa ha tomado una serie de decisiones corporativas que han afectado la coyuntura de la región.
Entre 2012 y 2013 Yanacocha ha reducido drásticamente su personal. La razón principal es que la operación minera se está acabando. Ayer uno de sus directivos confirmó que la megaoperación solo tiene tres años más de vida útil. En este contexto, Conga representa la última esperanza de Newmont en Cajamarca. Si la corporación decide dejar Conga, ese será el comienzo del fin de la mina de oro más grande de Latinoamérica.
En paralelo, luego de la protesta contra Conga, el sector minero de Cajamarca ha puesto las barbas en remojo. Entre 2012 y 2013 otras empresas mineras (Gold Fields, Anglo American, Lumina Copper) han desacelerado sus proyectos en la región. Y es que, para el sector minero, no tiene sentido apostar hoy por Cajamarca. Aún existe el riesgo de un repunte de la conflictividad social. Además, los precios de los metales (oro, cobre) están a la baja. Mejor prevenir antes que lamentar. Cajamarca no es la excepción.
Este retroceso en bloque del sector minero afecta la macroeconomía y la microeconomía de la región. El bajón minero en Cajamarca está afectado a los sectores construcción, automotriz, transporte, inmobiliario y financiero, entre otros. Asimismo, la fuga de trabajadores mineros ha afectado a los trabajos indirectos: comerciantes, taxistas, restauranteros y un largo etcétera.
Al haber menos demanda que en 2011, se está notando un ligero incremento de los precios de ciertos bienes o servicios. Por ejemplo, hace años que en Cajamarca existe una tarifa plana para el servicio de taxi local. Hasta 2012 el precio era 3.5 nuevos soles. Pero en 2013 no pocos taxistas decidieron dejar la tarifa plana y empezar a cobrar según la distancia o el tiempo de servicio. Hoy, al tomar un taxi, es mejor fijar por adelantado el precio del servicio. De lo contrario, uno podría llevarse un disgusto.
En medio de este escenario de incertidumbre económica, Cajamarca es testigo de la construcción del centro comercial más grande de su historia. Se vocea que en medio año (diciembre 2013) se inaugurará el “Real Plaza”, mall que competirá con el conocido “El Quinde”. Asimismo, este año el turismo está viviendo un repunte económico en comparación con la dura caída de 2012.
Entonces, por un lado, Cajamarca vive un retroceso minero y, por otro lado, crece la expectativa de un repunte de otros sectores económicos. El problema es que al hacer el balance, el saldo sigue siendo negativo para los bolsillos de los cajamarquinos.
He tenido la oportunidad de conversar con varios empresarios, políticos y analistas sobre este bajón económico. La mayoría cree que esta situación se mantendrá hasta fines de 2014 o inicios de 2015. La mayoría también cree que Cajamarca finalmente saldrá de la incertidumbre económica en las elecciones regionales y municipales de 2014.
La hipótesis es que Cajamarca necesita nuevas autoridades que generen confianza en la región, apostando por el diálogo y la concertación. En otras palabras, si Gregorio Santos o su equivalente ganaran las elecciones de 2014, la economía regional podría hundirse aún más. En ese sentido, aquellos candidatos que encarnen el espíritu del “Conga No Va” en su propuesta electoral, no tendrían chance en Cajamarca.
Asimismo, aquel que se posicione como “el candidato de Yanacocha” tampoco triunfaría. Cajamarca no es antiminera, es antiyanacochina. Y, debido al efecto Conga, aquel que se posicione como “el candidato de Ollanta Humala” tampoco tendría posibilidades de ganar.
En resumen, la esperanza de Cajamarca en 2014 se plasmaría en aquel candidato que se diferencie claramente de Goyo, Yanacocha y Ollanta.
Mientras llega 2014, ¿qué podemos hacer quienes vivimos en Cajamarca y estamos sobreviviendo a este bajón económico? Seguir luchando, claro. Coincido con quienes afirman que gran parte del éxito económico de Perú se debe al esfuerzo individual de miles de peruanos trabajadores. Aquí ocurre algo similar. El esfuerzo individual de miles de cajamarquinos está resistiendo al actual embate económico de la región. Muchos de estos esfuerzos individuales suceden en sectores económicos alternativos a la minería, como son el turismo, el comercio y algunas actividades agrícolas o ganaderas. Esa es una luz de esperanza que abre la posibilidad de un escenario económico distinto y una vuelta a la eterna interrogante: ¿Puede Cajamarca salir de la pobreza sustentándose en sectores alternativos a la minería?
(Imagen: Life is full of choices, de Gene Hilton)

El pequeño zapato marrón llegó a nosotros por pura casualidad hace un año, cuando Esteban estaba aún dentro del vientre de Tati y no sabíamos si nacería hombre o mujer. El zapatito estaba ahí, solo, en medio de la calle, como esperando ser encontrado. Si mal no recuerdo, fue Qhia quien lo encontró y recogió. Según la creencia popular, encontrar calzado de bebé trae ñaños sanitos y buena suerte a la familia que lo encuentra. Aquel amuleto sigue en casa. Es un bello recuerdo de los nuestros orígenes y también uno de los juguetes favoritos de Esteban. El otro zapato -el verde- es un recuerdo del domingo por la mañana, cuando fui con el bebé al mercado para comprar pescado y verdura. En realidad ese par de cocodrilos de algodón con cascabeles incorporados ya se había resbalado varias veces de los pies de Esteban. Dicen que el destino es así, terco como una mula. Luego de hacer las compras, saliendo del mercado, un joven que caminaba por mi vereda me avisó que algo se nos había caído al suelo. Miré abajo, agradecí al chico, recogí el cosito verde y lo acerqué al pie de Esteban. En ese momento me di cuenta de que ambos pies estaban descalzos. Imaginé que el otro zapatito estaba solo, en medio de la calle, como esperando a ser encontrado. Sonreí.

Si Cajamarca rompe con ciertas tradiciones podría convertir su carnaval en un gran atractivo turístico. Pero, ¿está lista para cambiar?
Año 1996. Varios vecinos de la avenida de los Héroes han abierto las puertas de sus casas. Hay chicha, cuy, música y travesura para los transeúntes. El agua vuela por los aires. Unas veces cae en la vereda o la pared. Otras, en el cuerpo de algún distraído. Mientras tanto, la pista es escenario del desfile de patrullas y comparsas más bello que recuerdo. Miles de personas aplauden y cantan al ritmo de clones y bandas. Nunca había visto un espíritu tan radiante ni un cielo tan celeste. Yo era un limeño de 18 años y me estaba enamorando de Cajamarca y su carnaval. Amor a primera vista, que le dicen.
Año 2007. Gema persigue a un hombre. Ambos corren pero ella es más rápida. Cuando está lo suficientemente cerca le tira una cachetada, da media vuelta y regresa a nuestro grupo. El hombre se detiene y le pide perdón. “Te dije que no estaba jugando” le replica ella. Un minuto antes nos habíamos cruzado con un grupo de carnavaleros. El hombre de la cachetada tenía un globo de agua y quería lanzarlo a Gema. Ella le pidió que no lo hiciera. Él fingió acordar, esperó unos segundos, dio media vuelta, le tiró un globazo en la espalda y carcajeó como pendejo. Gema era una española de 24 años. Era su primera vez en Cajamarca, tenía la espalda empapada y empezaba a odiar en carnaval. Después de la cachetada no la he vuelto a ver por aquí.
Año 2013. Son las dos de la mañana y aún no se sabe quién es la nueva reina del carnaval. En la televisión hay una transmisión en vivo y en directo. Hay cinco finalistas. El animador recibe un sobre del jurado, lo abre y anuncia que la señorita de El Estanco es la ganadora del concurso. Acto seguido, invitan a la reina infantil –que también pertenece al barrio El Estanco– para que suba al escenario y acompañe el cierre del certamen de belleza. Son las dos y treinta de la madrugada. La reina infantil es una niña que abre sus ojos lo mejor que puede y pone la sonrisa más grande pero evidencia el agotamiento de un muerto viviente. Todos los años el evento de coronación de la reina del carnaval ocurre entre gallos y medianoche. Como para que nadie lo vea. Y sin embargo, la gente lo ve y lo vive.
¿Quiénes viven el carnaval de Cajamarca? Obviamente los cajamarquinos son los primeros en la lista. Y así debe ser. Mantener la tradición es algo propio de culturas vivas y fuertes. Todos los años, entre febrero y marzo, muchos vecinos del campo y la ciudad hacen una pausa en sus labores cotidianas para dedicarse por completo a las fiestas carnestolendas. Ellos aman el carnaval. Ellos son el carnaval. Día y noche, semana tras semana, durante casi un mes, el espíritu festivo posee sus cuerpos, mentes y corazones. Les da la energía suficiente para festejar sin parar, crear coplas, diseñar vestuarios, construir carros alegóricos, preparar chicha y cocinar pan, frito, chicharrón, cuy y uno de los sancochados más ricos del Perú. Entonces, materia prima hay. El carnaval cajamarquino es una fiesta que tiene el potencial para consolidarse como uno de los atractivos turísticos más importantes del país. Pero muchos turistas que vienen por primera vez a carnavalear no vuelven más, mientras que otros ni se dan por enterados de esta fiesta. ¿Por qué?
Existen varias razones por las cuales Cajamarca aleja a los turistas y pierde la oportunidad de convertir a su carnaval en un negocio sostenible. Yo las resumo en dos: el caos y el miedo al cambio.
El caos del carnaval cajamarquino se evidencia en varios momentos: en la impuntualidad para iniciar eventos como los concursos de belleza, el desfile de comparsas y el corso de carros alegóricos; en la innumerable cantidad de negocios informales que pululan (alquiler de asientos y palcos, venta de bebida y comida, entre otros); en las muchas personas que orinan en la calle y arrojan basura por doquier; así como en la irresponsable guerra de agua y pintura que no respeta a nada ni nadie, ni siquiera monumentos históricos (como la pileta de la plaza de armas que fue salvajemente violentada en 2012). Hacen falta políticas y sanciones claras para todos los que participamos en el carnaval (patronato, organizadores, comités de barrios, artistas, empresarios, vecinos y turistas), pero lo más grave es que carecemos de una cultura de convivencia pacífica durante las celebraciones. Que el carnaval sea una fiesta única no significa uno puede hacer lo que quiere.
Por otro lado, el miedo al cambio consiste en la firme creencia de que el carnaval es una tradición y por lo tanto no puede ser modificado de ninguna manera. Este año el patronato del carnaval había decidido cambiar las rutas de las dos fiestas más concurridas: el ingreso del Ño Carnavalón del sábado y corso de carros alegóricos del lunes. Si bien la decisión fue polémica, lo cierto es que su propósito era poner un alto al caos, el desorden y la informalidad que he expuesto anteriormente. Los barrios se negaron al cambio. La razón principal era el argumento de la tradición. Al final no hubo ningún cambio. El sábado, el Ño Carnavalón llegó –como todos los años– a la plaza de armas de la ciudad. El domingo, el corso se realizó en la clásica ruta del óvalo Musical y la vía de Evitamiento. Este año hubo más policías y baños públicos que en otras ediciones del carnaval, pero el caos, el desorden y la informalidad no disminuyeron.
Esta semana tuve la oportunidad de conversar con varios turistas que llegaron a Cajamarca para vivir el carnaval. La mayoría estaban sorprendidos por la cantidad de veces que habían sido mojados por los carnavaleros. Otros lamentaban el daño que se le hace a la plaza de armas durante las noches de tarolas o el día del Ño Carnavalón. Todos coincidían en reconocer el espíritu festivo pero también advertían detalles que no eran de su agrado.
La fiesta de Cajamarca es bella y caótica. Al parecer, los cajamarquinos quieren que se mantenga así, con elementos que promueven el desorden y la informalidad. La mayoría de los turistas desean confort y seguridad. En la medida que el carnaval no incorpore prácticas turísticamente saludables, seguirá siendo una fiesta exclusiva para cajamarquinos.

Como Barad-dûr, la torre de Sauron, que cayó porque no pudo soportarse a sí misma, la mafiosa campaña del SÍ se está derrumbando sola. Quiero creer que ese será el final de este proceso de revocación. Que los malos pierdan como en las películas: con escándalo.

Minería y contaminación son casi sinónimos en la mente de muchos habitantes de Cajamarca. La capital del carnaval peruano es también conocida por ser –en la práctica– la capital de la minería a tajo abierto. A menos de 50 kilómetros de la ciudad se encuentra Yanacocha, la mina de oro más grande de Latinoamérica y la protagonista de no pocas crisis ambientales y sociales en las cuales el tema “contaminación” ha sido el más mencionado.
Choropampa, Quilish, Combayo y –más recientemente– Conga son títulos que se refieren a un clásico enfrentamiento entre Yanacocha y la población de Cajamarca. El motivo principal casi siempre ha sido el agua. A lo largo de varios años la empresa ha afirmado que la extracción de oro a tajo abierto protege y asegura agua para Cajamarca; pero la gente no cree en Yanacocha, insiste en la idea de que la mina contamina y cada tres o cuatro años se levanta para protestar en defensa del agua y el medio ambiente.
Uno de los extremos de esta controversia ha propuesto en repetidas ocasiones que la solución consiste en que Yanacocha debe irse. Que la actividad minera es contaminante y que, por lo tanto, debe ser erradicada de Cajamarca. Pero, llevando esta propuesta al extremo, ¿qué tan válido es afirmar que una Cajamarca sin minería será una Cajamarca sin contaminación?
Imaginemos que Yanacocha se va de Cajamarca mañana mismo. Se va, además, de la manera que muchos quisieran: sin dejar huella minera. Es decir, sin afectar ni comprometer el medio ambiente. Por un tiempo la algarabía y euforia acompañan a muchos. Otros, en cambio, sucumben ante el pesimismo y nos hablan de una tragedia para la economía y el desarrollo del país. Lo cierto es que la vida continúa y, casi sin darnos cuenta, volvemos a la rutina.
En este universo paralelo (donde Cajamarca es la misma de siempre pero sin minería) hay muchos vehículos motorizados: motocicletas, mototaxis, carros, combis, cústers, micros, buses, camionetas y camiones. ¿Cuántos de estos vehículos son amigables con el aire y el medio ambiente? Basta darse un paseo por el centro histórico y los alrededores de la ciudad para comprender que el aire que respiramos no es puro. Está contaminado por el humo y los residuos de miles de automóviles en pésimo estado. Muchos conductores y propietarios de medios de transporte terrestre en Cajamarca ignoran o no quieren entender que su negligencia atenta contra la vida y el medio ambiente. Esta realidad no se explica por la presencia de una o varias mineras sino por la ausencia de políticas claras y contundentes para proteger el medio ambiente, así como la falta de hábitos sociales y cultura para el cuidado ambiental.
¿Y qué pasa con los sólidos? En Cajamarca hay una planta de tratamiento de residuos sólidos y también un programa de reciclaje de éstos. Ambos forman parte de un programa integral de gestión de los residuos sólidos, el cual, lamentablemente, aún es muy joven y pequeño para cubrir las expectativas. Dicen que una ciudad limpia no es la que más se barre sino la que menos se ensucia. Aquí la gente está acostumbrada a botar la basura por todos lados. En la casa, el colegio, el mercado, la vereda, el río, el valle, el bosque, la pista, la trocha, la encañada y la laguna. Latas vacías, bolsas de plástico, papel, madera, cáscaras y restos de frutas son parte del paisaje urbano y rural de Cajamarca. Aquí tampoco vale responsabilizar exclusivamente a la minería. El asunto es que, quienes vivimos aquí, no somos conscientes del daño que hacemos todos los días al medio ambiente por no disponer y reciclar adecuadamente los residuos sólidos.
¿Y la contaminación del agua? Es cierto que la basura y los residuos industriales contaminan el agua. Existen plantas de tratamiento de agua, aunque su efectividad y sostenibilidad también son parte de la polémica. Pero, aún en un escenario de Cajamarca sin minería, el agua seguiría contaminada. Muchas de nuestras lagunas y ríos padecen diariamente el vertimiento de pesticidas, nutrientes vegetales, detergentes, aguas servidas (de desagüe), aceite, basura y desmonte. No importa cuántas plantas de tratamiento se construyan en la región. Si no regulamos nuestras prácticas de consumo y manejo de residuos, estamos contribuyendo a la contaminación del agua que se consume en Cajamarca y, de paso, la que se consume más abajo (La Libertad, Lambayeque y otras zonas de la costa norte del Perú).
El problema de la contaminación no se resolverá eliminando la minería. El cuidado del medio ambiente de Cajamarca está en manos de los cajamarquinos y sus hijos, así como de esta nueva generación de migrantes que desde hace dos décadas habita en este generoso lado del país. Es cierto que nuestras autoridades deben liderar procesos que conduzcan a la implementación consensuada de una política integral y transversal que enfrente el fondo del problema de la contaminación. Pero también es cierto que no hay cultura ambiental en Cajamarca. Nuestra sociedad no cumple estándares de cuidado ambiental. ¿Cuántos de nosotros practicamos el reciclaje de residuos sólidos? ¿Cuántos hemos reducido el consumo de energía eléctrica? ¿Cuántos ahorramos agua? ¿Cuántos guardamos el auto y salimos a caminar o pasear en bicicleta? Estas son solo algunas de las tantas acciones que podemos hacer para proteger el medio ambiente. No esperemos que las empresas o los gobiernos cambien nuestra vida. Cambiemos nosotros.
Texto publicado originalmente en el periódico “El Cajamarquino”.
Foto tomada del blog “Aldea Verde”.

El 17 de marzo los limeños seremos testigos de cómo su primera alcaldesa de izquierda es decapitada políticamente. La caída va a ser dura no solo para los líderes izquierdistas y centroizquierdistas sino sobre todo para nosotros, los ciudadanos que queremos un cambio en el Estado y en la manera de hacer política. Lamentablemente Susana Villarán no es la panacea de la gobernabilidad. Los medios de comunicación masiva no le han hecho el trabajo fácil, pero su gestión ha carecido y carece de contundencia. Eso lo podemos evidenciar en la campaña por el NO que, a menos de dos meses de la revocatoria, aún no despega. También es cierto que esta es la primera vez en décadas que la izquierda tiene la oportunidad de gobernar en las grandes ligas. Creo que esa es la verdad de la nuez. Ni el alanismo, ni el castañedismo ni el fujimontesinismo quieren que la izquierda prospere en nuestro país. Prefieren seguir satanizándola, como siempre lo han hecho. En ese sentido, quisiera compartir una visión al respecto. En las postrimerías de la campaña por la revocatoria, una de estas fuerzas de la Derecha Bruta y Achorada (DBA) tendrá la oportunidad de alzarse públicamente, levantar la espada sobre la cabeza de Villarán y pasar a la historia como la mortal castigadora de una alcaldesa honesta, honorable, justa, enemiga de la corrupción y la mentira, pero quizá por todo eso demasido fácil de vencer por parte de los viejos zorros de la política peruana. Así es como yo veo a este ‘proceso democrático’ de revocación. No solo es una campaña de demolición de la izquierda, sino también una competencia para resolver la siguiente incógnita: ¿quién será el nuevo rey de la DBA? ¿Castañeda, Fujimori o Alan?
Ejemplos: Conga y Fujimori.
1. LAS ENCUESTAS Y CONGA
Las encuestas nos dicen que la mayoría de la población de Cajamarca está en contra del nuevo proyecto de Yanacocha. Este hecho no es argumento irrevocable para suspender dicha iniciativa minera, la cual -dicho sea de paso- no está suspendida.
Los reservorios que actualmente construye la división de Newmont en Perú son parte del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) presentado por la empresa y aprobado por el Estado peruano. Más allá del beneficio ambiental y social que éstas obras puedan generar para Cajamarca, hay algo concreto e innegable: los reservorios son parte de la mina. ¿O acaso estamos hablando de un bien público, que para nada es propiedad privada? No tiene sentido construir instalaciones privadas aprobadas en un EIA minero y decir que no se está construyendo la mina.
Yanacocha debe suspender la construcción de Conga al 100% y trabajar duro para mejorar su relación con la sociedad cajamarquina. Esta -aún- es la oportunidad que tiene la gran minería de demostrar que las actividades extractivas sí pueden convivir en armonía con las personas y el medio ambiente.
La construcción de una relación social positiva toma tiempo, más que los dos años estimados para la construcción de los reservorios de Conga. Más aún si tenemos en cuenta que el punto de partida (la línea base social) de Yanacocha está prácticamente en el subsuelo. El camino es cuesta arriba, está lleno de obstáculos y -como en toda gestión social- uno debe convivir permanentemente con el riesgo de que un solo error eche a perder toda la reputación ganada en años.
Cuatro reservorios no te dan licencial social. Un trabajo impecable de relacionamiento con la sociedad, puede que sí. Las encuestas definitivamente ayudarán a medir esto, pero no decidirán.
2. LAS ENCUESTAS Y FUJIMORI
Las encuestas nos dicen que la mayoría de peruanos está a favor de que Ollanta Humala otorgue el indulto humanitario a Alberto Fujimori (condenado a 25 años de prisión por violaciones a los derechos humanos en los casos de Barrios Altos, La Cantuta y los secuestros de Dyer y Gorriti). Este no es argumento irrevocable para indultar al ex dictador, quien -dicho sea de paso- no ha pedido la gracia presidencial ni ha reconocido sus innumerables crímenes.
Como ya lo ha establecido Avelino Guillén, “la Comisión de Gracias Presidenciales debería rechazar la solicitud de indulto humanitario para Alberto Fujimori porque no lo ha formulado el interesado ni lleva su firma, a pesar de no estar imposibilitado para hacerlo”. Este es, sin duda, el primero de muchos detalles que le quitan transparencia a un proceso legal que hoy se ha convertido en una telenovela peruano japonesa de mal gusto.
Además, hasta el momento Fujimori no reconoce públicamente su culpabilidad por las condenas en su contra ni ha pagado la reparación civil que adeuda al Estado peruano. “¿Cómo pido el indulto si no reconozco las sentencias y los procesos judiciales? ¿Estoy pidiendo perdón de qué?” (Avelino Guillén dixit).
Finalmente, el ex fiscal del juicio a Alberto Fujimori explica el ABC de un indulto humanitario en Perú, incluido el pedido presentado y firmado por los hijos del ex candidato al senado japonés: “la enfermedad tiene que ser incurable; registrar un estado avanzado, progresivo, degenerativo, y el quinto punto señala que las condiciones del centro de reclusión ponen en peligro la vida del reo e imposibilita la atención médica del solicitante.”
Indultar a Fujimori no es solo políticamente dañino, sino que además viola varios pasos del procedimiento legal. Este último punto es el modus operandis del fujimontesinismo, que tiene una marcada debilidad por hacer política obviando a las instituciones del Estado, la independencia de poderes y los derechos humanos.
Ollanta Humala no debe evaluar esta gracia presidencial en función a encuestas o escenarios políticos. Como afirma el presidente del Poder Judicial, César San Martín, el indulto a Fujimori debe ser evaluado moral y éticamente.

Comentarios a la columna de Claudia Cisneros, “Invitación al suicidio político”, a propósito de la eterna y dañina polémica sobre el indulto a Alberto Fujimori.
Primero que nada, ¡excelente columna, Claudia!
A mí particularmente lo que más me revienta de esta patética telenovela es que, desde que Ollanta Humala ganó la presidencia (junio 2011), los fujimontesinistas ya han hecho al menos tres campañas mediáticas por el indulto del ex dictador (más o menos una cada cinco meses). El hilo narrativo es casi siempre el mismo:
Es decir, la mafia perdió las elecciones pero tiene tanta o más presencia (y desfachatez) que aquella que derrochó durante el último gobierno de Alan García. Fujimori sigue en la Dinoes, gozando los beneficios de ser el único preso “cinco estrellas”. La opinión pública luce aún más adormecida y falta de reflejos que en 2009, cuando aparecieron las primeras encuestas pre electorales posicionando al duro 20% de fans fujimoristas.
Faltan tres años y siete meses para las próximas elecciones presidenciales y la cancha está más inclinada que nunca. Más que el suicido político de Ollanta Humala, me preocupa el suicidio político del Perú.
Referencia: columna “Invitación al suicidio político” de Claudia Cisneros.
Ilustración: “MARCA PERÚ”, tomada del Facebook de Álvaro Portales.
Sobre la misteriosa construcción de los reservorios del proyecto Conga en Cajamarca.
¿La nueva mina de Yanacocha está en suspensión? Según el gobierno nacional de Perú y Newmont, sí. Según el gobierno regional de Cajamarca y los ‘Conga No Va’, no.
El debate de hoy (setiembre 2012) se centra en que, según los opositores a Conga, los reservorios son parte de la mina y, por lo tanto, la construcción no está suspendida. Por otro lado, Yanacocha afirma que la mina Conga sí está en suspensión y que lo único en construcción son los reservorios que, “como está en el Estudio de Impacto Ambiental”, serán en beneficio de las comunidades.
Esta nueva polémica alrededor de la gran vedette de la minería peruana está cargada de apasionamiento de ambas partes, para lo cual propongo una solución práctica:
Con esta sencilla metodología, procedemos a trabajar.
“La infraestructura propuesta incluye los tajos Perol y Chailhuagón, los depósitos de desmonte Perol y Chailhuagón, depósitos de suelo orgánico, instalaciones de procesamiento del mineral, instalaciones de manejo de relaves, reservorios de agua, depósitos de material de préstamo, entre otras instalaciones auxiliares, las cuales ocuparán un área total de aproximadamente 2 000 ha.” (Página 1)
Esta primera referencia a los reservorios es importante porque los incluye como parte de la infraestructura de la mina, junto a los tajos, depósitos de desmonte y otras instalaciones. En otras palabras, los reservorios son parte de Conga.
“El agua potable y el agua fresca necesaria para los procesos (de la planta concentradora) provendrán del reservorio superior.” (Página 30)
Esta línea precisa que uno de los cuatro reservorios -el llamado superior- alimentará de agua a la operación. Entonces, haciendo un uso estricto del lenguaje, no es correcto decir que “no se está ejecutando” la construcción de las instalaciones mineras, ya que el reservorio superior es parte vital de la mina.
“Sólo el reservorio superior será utilizado como fuente de agua para el proyecto, mientras los demás se utilizarán para mitigar impactos sociales y ambientales en distintas cuencas y hábitats.” (Página 31)
¿Los reservorios de Conga son para el beneficio de las comunidades? De acuerdo al EIA, sí. Han sido diseñados para mitigar el impacto causado por el “retiro de bofedales y transferencia de agua de las lagunas” (EIA de Conga dixit). Sin embargo, la actual construcción de los reservorios de Conga en paralelo a la suspensión del proyecto minero por dos años inspira muchas interrogantes. ¿Qué pasará con las lagunas naturales? ¿Serán tocadas en 2014? ¿Los reservorios son un gesto de buena fe de Yanacocha? ¿Qué será para beneficio de las comunidades? ¿Los reservorios o el agua de éstos? ¿Quién y cómo administrará estas instalaciones? Si al final de cuentas Conga no va, ¿qué pasará con estas “lagunas artificiales”? ¿Quién se encargará de su funcionamiento? ¿Cuánto dinero costará esta contingencia y quién la financiará?
“Se identifican impactos positivos derivados de la contratación de empresas, la generación de empleo para las actividades de esta etapa (de cierre) y el uso de los reservorios por parte de la población que mantendría los beneficios sobre lo regímenes de agua.” (Página 38)
De acuerdo al EIA de Conga, la población hará uso de los reservorios (la infraestructura) a partir de la etapa de cierre de mina. Antes, durante la construcción y operación, será Yanacocha quien administre estas instalaciones ¿Cómo se administra un reservorio? ¿Qué recursos se necesitan? ¿Quién asume estos costos de mantenimiento?
“Desde el punto de vista netamente hidrológico, el embalse de agua en estos reservorios constituye una medida efectiva para compensar la pérdida de cuerpos de agua lénticos representados por las lagunas Perol, Mala, Azul y Chica.” (Página 47)
Siguiendo la lógica planteada por el EIA de Conga, se deduce que la existencia de los cuatro reservorios compensa la pérdida de las lagunas Perol, Mala, Azul y Chica.
La duda nuevamente cae de madura: ¿Por qué hoy Yanacocha construye cuatro reservorios? ¿Significa que mañana dejáran de existir las cuatro lagunas en disputa con la población? ¿Los reservorios son un gesto de buena fe para con Cajamarca o el primer paso de la etapa de construcción de la mina? ¿No hubiera sido mejor suspender Conga al 100%?
Temo que esta “suspensión con construcción” nos regrese al punto de no retorno de hace dos meses. A las protestas, la violencia y las muertes injustificadas en Celendín y Bambamarca. A la crisis que hasta ahora nadie en Perú ha sabido manejar y que aún es un misterio sin resolver: ¿Conga va o no va?

Aún no superamos las dudas que dejó el primer año del presidente Humala pero el futuro luce más negro. Hoy la debilidad más notoria del gobierno no es política ni económica, sino mediática y comunicacional.
La actual administración nacionalista ha logrado algunos goles en favor del país, pero un importante sector de la prensa televisiva, radial e impresa nos ha dejado con la percepción de que el gobierno no ha anotado un solo gol. Mediáticamente hablando, el marcador aún dice “PERÚ: CERO”. Por el contrario, cada uno de los errores del oficialismo han sido amplificados al punto que la opinión pública mantiene la percepción de que Ollanta Humala es un presidente mediocre e inexperto, que el poder Ejecutivo ha metido la pata varias veces y que los poderes Legislativo y Judicial siguen tan putrefactos como siempre. Es decir, nada ha cambiado.
Pero no se trata de victimizar al oficialismo. Si bien la cancha mediática está inclinada, eso no quita el hecho innegable de que la actual administración ha cometido varios errores en la gestión de las comunicaciones. Hay un manejo deficiente de la imagen y la reputación del Gobierno del Perú, y a la fecha nadie ha encontrado la solución a esta lluvia de autogoles.
El autogol más reciente es la difusión de la Operación Ranrapata (setiembre 2012). La muerte de Zoraida -una niña de ocho años- no solo nos conmueve y entristece, sino que la forma en que nos hemos enterado de su fallecimiento ha ocurrido en un contexto tal que opaca una vez más cualquier logro reciente en la lucha del Perú contra el narcoterrorismo.
Si la foto de Nadine Heredia y Ana Jara del pasado domingo estuvo pensada para reforzar el mensaje de que el gobierno está rescatando al Vraem de los remanentes de Sendero Luminoso, lo cierto es que una semana después, esa imagen solo contribuye a generar sospechas sobre lo que realmente ocurrió en Ranrapata. La prensa, la oposición y la opinión pública se preguntan casi al unísono: ¿sabe el gobierno lo que está haciendo en el Vraem? ¿Realmente estamos ante otra “operación impecable”?
Es cierto que la lucha contra el narcoterrorismo requiere de un trabajo multidisciplinario, pero ello no significa que requiera de múltiples voceros. ¿Por qué el gobierno recurre a tantas figuras públicas (Pedraza, Cateriano, Otárola, Jara y la propia Nadine)? Un solo un error puede generar un efecto dominó de tal magnitud que se tumbe a todas estas figuras políticas. Así, una noticia mal manejada ha puesto nuevamente a todo gobierno en el ojo de la tormenta mediática. La oposición no ha desaprovechado esta oportunidad, especialmente cuando en esta semana se recuerda la impecable captura de Abimael Guzmán, ocurrida durante el gobierno de Alberto Fujimori. Querramos o no, uno se queda con la sensación de que hoy sobran balas y falta inteligencia.
Las reacciones en la prensa no se han hecho esperar. Los grandes medios han informado sobre las contradicciones y desencuentros en las versiones de los distintos voceros del oficialismo, así como en la lamentable manera en que se reveló el fallecimiento de la menor Zoraida. Columnistas de opinión moderada como Augusto Álvarez Rodrich y Patricia Del Río rápidamente han llamado la atención sobre este nuevo autogol. Los usuarios de redes sociales en Internet también han reaccionado sobre lo ocurrido en Ranrapata. Para muestra solo un botón (el fotomontaje de Markus Ronjam). La oposición tampoco se ha quedado atrás. Alejandro Aguinaga (del fujimorismo) y Verónika Mendoza (ex nacionalista) han lamentado y condenado este nuevo traspié del gobierno. Un error más y el nacionalismo logrará la desazón por unanimidad.
Urge un cambio en la estrategia mediática. Basta de utilizar a Nadine Heredia como símbolo de lo bueno y cool del nacionalismo. Debe haber un plan de voceros, que defina quién debe hablar de qué tema. Se necesitan más aliados que contribuyan a fortalecer la reputación del gobierno. En resumen, menos fotos y más gestión política. De lo contrario, Ollanta Humala tendrá la cancha mediática aún más inclinada, con cada vez más oposición y menos posibilidades de que su administración llegue a buen puerto en el año 2016.
Fotomontaje: “Ahí está el detalle”, de Markus Ronjam.